Lina Gálvez: “Europa no puede permitirse innovar con solo la mitad de su reserva de talento”

  • No podemos pretender ser competitivos si excluimos a la mitad del talento europeo de la asignación de capital

  • Para garantizar nuestra competitividad a nivel mundial, el FP10 debe abordar una clara deficiencia del mercado: menos del 3 % de la financiación de capital riesgo se destina a equipos formados íntegramente por mujeres

¿Quién decide hacia dónde fluye el capital y de quién son las ideas que dan forma a las tecnologías del mañana? El debate sobre la brecha de género en materia de inversión en Europa va más allá de las cifras y se adentra en el ámbito del poder.

Mientras Bruselas se prepara para su próximo programa marco, el FP10, la eurodiputada Lina Gálvez sostiene que la falta de financiación para las mujeres innovadoras no solo es injusta, sino que también es económicamente irracional.

En esta entrevista con Euractiv, aboga por una reforma estructural de la arquitectura de inversión europea, desde el capital público hasta los comités de capital riesgo.

EV: Los datos del informe de EISMEA sobre la brecha de género en la inversión muestran que, de cada 100 € de capital riesgo en Europa, menos de 3 € se destinan a equipos formados íntegramente por mujeres. ¿Por qué se ha mantenido este desequilibrio de forma tan persistente, a pesar de los años de atención política?

LG: La brecha persiste debido a una profunda inercia estructural y cultural. Durante décadas, el ecosistema del capital riesgo (VC) se ha construido sobre redes cerradas y modelos de riesgo diseñados sin tener en cuenta la diversidad. Nos enfrentamos a la homofilia: los inversores tienden a financiar a personas que se parecen a ellos y actúan como ellos.

Con demasiada frecuencia, las políticas se han centrado en «arreglar a las mujeres» mediante la formación y la tutoría, en lugar de arreglar el sistema en sí. Cuando solo el 2 % de la financiación se destina a equipos formados íntegramente por mujeres, queda claro que los guardianes del capital siguen actuando con prejuicios que pasan por alto la mitad del talento de Europa.

EV: El informe sostiene que la brecha de inversión de género no es solo una cuestión de igualdad, sino un problema de competitividad para el sistema de innovación europeo. ¿Debería considerarse la reducción de esta brecha una prioridad económica a nivel de la UE?

LG: Por supuesto. Ya no se trata solo de justicia social, sino de competitividad y soberanía tecnológica. El estudio estima que estamos perdiendo alrededor de 250 000 millones de euros en valor cada año debido a estas disparidades.

En un momento en el que Europa compite a toda velocidad en inteligencia artificial, computación cuántica y tecnologías limpias, excluir a más de la mitad de la población del panorama de la innovación es económicamente irracional. Si queremos reducir la brecha de innovación con respecto a los competidores globales, la igualdad de género debe integrarse en nuestra estrategia industrial.

EV: El informe identifica tres dimensiones de la brecha: quién asigna el capital, quién lo recibe y quién lo controla en última instancia. ¿Dónde se encuentra el cuello de botella estructural más urgente?

LG: El cuello de botella más crítico radica en la asignación de capital, es decir, en quién toma las decisiones. Hemos observado algunos avances en el número de fundadoras, pero los comités de inversión a nivel de socios generales (GP) y socios comanditarios (LP) siguen estando dominados abrumadoramente por hombres.

Solo el 9 % de los activos gestionados están en manos de fondos dirigidos por mujeres. Si no cambiamos el equilibrio de género de quienes firman los cheques, el capital seguirá fluyendo por los mismos canales sesgados.

EV: Dado que las mujeres solo ocupan alrededor del 15 % de los puestos directivos en el sector del capital riesgo europeo, el sistema parece reproducirse a través de redes homogéneas. ¿Cómo pueden los responsables políticos abordar esta situación sin intervenir en exceso en el mercado?

LG: No se trata de intervenir en exceso, sino de corregir una falla del mercado. Un mercado que pasa por alto sistemáticamente a fundadores eficientes no está funcionando correctamente.

La transparencia y la condicionalidad son fundamentales. Los fondos que reciban capital público de la UE —a través del FEI o de InvestEU, por ejemplo— deberían presentar datos desglosados por género. Eso genera responsabilidad.

También deberíamos incentivar la creación de comités de inversión mixtos, ya que la diversidad en la toma de decisiones se correlaciona con mejores rendimientos y menor riesgo. La meritocracia no puede quedarse en un eslogan; debe ser medible.

EV: Antes ha mencionado el coste en términos de competitividad que supone la brecha de inversión de género. El informe también estima que las disparidades en el ámbito de la tecnología avanzada por sí solas pueden haberle costado a Europa casi 200 000 millones de euros en pérdida de valor durante la última década. ¿Se sigue subestimando este impacto económico en los debates políticos de la UE?

LG: Sí, porque a menudo se presenta como una cuestión de nicho o «blanda». Pero 200 000 millones de euros perdidos en tecnología profunda significan patentes perdidas, industrias perdidas y soberanía debilitada. Como ponente del 10.º Programa Marco, estoy trabajando para garantizar que la igualdad de género se reconozca como un indicador económico de peso. No es una política «extra»: es fundamental para la capacidad de innovación de Europa.

EV: Los datos demuestran que las empresas emergentes fundadas por mujeres pueden generar mayores ingresos por cada euro invertido. ¿Por qué el mercado no ha corregido esta aparente ineficiencia?

LG: Porque el mercado del capital riesgo se basa en gran medida en la confianza, las recomendaciones y la percepción de compatibilidad, más que en la mera racionalidad económica. Las investigaciones muestran que las fundadoras suelen recibir preguntas preventivas sobre el riesgo, mientras que a los hombres se les plantean preguntas promocionales sobre el crecimiento.

Este sesgo crea una profecía autocumplida. El mercado no se ha corregido porque las redes son demasiado cerradas. Las políticas públicas deben dar el impulso inicial para romper estos patrones.

EV: El informe destaca que la participación de las mujeres en la riqueza financiera de Europa podría alcanzar casi la mitad de todos los activos gestionados para 2030. ¿Cómo puede la política de la UE movilizar este capital para la innovación?

LG: Estamos asistiendo a un cambio radical que brinda una oportunidad para la inversión con perspectiva de género. Esto incluye apoyar las redes de mujeres inversoras ángeles y diseñar incentivos fiscales para las inversiones en empresas emergentes dirigidas por personas de diversos orígenes.

Pero las herramientas por sí solas no bastan. También debemos replantearnos cómo se toman las decisiones de inversión. Es necesario examinar minuciosamente los marcos de diligencia debida y los modelos de riesgo para detectar posibles sesgos.

Para salvar la brecha entre el capital de las mujeres y la innovación de las mujeres es necesario rediseñar el sistema, no limitarse a añadir programas de apoyo.

EV: El informe sugiere que las políticas públicas deberían reorientar quién asigna el capital, y no solo quién lo recibe. ¿Debe la UE intervenir de forma más directa en los mercados de capital riesgo?

LG: La UE debería actuar como catalizador. Hemos visto que, cuando el EIC Accelerator establece objetivos claros, los resultados no se hacen esperar: la proporción de empresas dirigidas por mujeres pasó del 8 % en 2020 al 30 % en 2024.

No se trata de una intervención autoritaria, sino de una inversión pública inteligente. Los fondos de fondos públicos pueden servir de apoyo a los fondos de capital riesgo dirigidos por mujeres y demostrar su rendimiento al sector privado. Una vez que el caso de negocio quede claro, el mercado seguirá el ejemplo.

EV: Si la UE quiere cerrar la brecha de inversión de género para 2030, ¿cómo se definiría el éxito?

LG: El éxito no puede significar cuotas simbólicas. Debe reflejar la realidad. Las mujeres superan en número a los hombres en la UE en unos 10 millones y representan casi el 60 % de los titulados universitarios. Un sistema de innovación que ignore esa base de talento adolece de un defecto estructural.

Para 2030, el éxito significaría ir mucho más allá del 2 % actual de capital riesgo asignado a equipos formados íntegramente por mujeres y avanzar hacia una proporción que refleje la contribución real de las mujeres a la innovación.

Significaría una representación de al menos el 50 % en los comités de inversión y la gestión de fondos, de modo que las mujeres den forma a los flujos de capital, y no se limiten a presentarles sus proyectos. Y lo que es más importante, significaría reformar los procesos de evaluación para que el riesgo y el potencial se evalúen sin sesgos de género.

Si Europa quiere seguir siendo competitiva y soberana, no puede permitirse caminar con una sola pierna. No se trata de un asiento en la mesa, sino de rediseñar la arquitectura de la sala.

Euractiv (The Trust Project). Entrevista a Lina Gálvez publicada el 4 de marzo de 2026.

Noticia completa en Euractiv (en inglés) aquí

Artículo incluido en el informe especial “Reducir la brecha de financiación de género en la UE para impulsar la economía de la innovación” de Euractiv (en inglés) aquí

Fuente de la imagen: Lina Gálvez Comisión Europea. En esta web se realiza un uso justo y no comercial de la imagen para la difusión de la noticia.